lunes, 28 de septiembre de 2015
Por qué la mentira nos hace daño
Las mentiras constituyen un problema ético sin fin que acarrea multitud de consecuencias.
A pesar de que, en general la mentira goza de muy mala reputación, nuestra sociedad vive inmersa en una constante falta de honestidad que salpica las portadas de los diarios con los acostumbrados escándalos de corrupción y falsificaciones de toda índole, o destruye un hogar a fuerza de infidelidades y engaños.
Parece ser que la mentira es como la punta del iceberg que sobresale en la superficie o quizás todo lo opuesto: la plataforma en la que se sostiene inmerso en la profundidades.
Para indagar un poco más sobre este fenómeno que es tan común y en la mayoría de los casos ofensivo, recurrimos al psiquiatra y terapeuta familiar José Dunker quien amablemente nos dio el enfoque psicológico que amerita el tema al responder nuestras preguntas.
¿Por qué mentimos? Se me ocurre responder que mentimos por miedo a las consecuencias de decir la verdad. Miente el niño ante su madre; se miente en la relación de pareja, y miente el ciudadano al declarar sus impuestos. En todos los casos existe un miedo al castigo, y se miente para escapar de esa posibilidad.
¿Existen individuos más propensos a mentir que otros? Si, el tipo más proclive a mentir es una persona complaciente, tanto que ni se da permiso para enojarse, ni quiere que su contraparte se enoje. La alternativa es simular un mundo bonito en el que no caben las equivocaciones ni decir que no. Lo malo es que ese mundo no existe, pues todos nos equivocamos, y siempre llegan momentos en que lo más honesto, es decir, que no. De modo que, miente principalmente el que no tiene suficiente asertividad, esto es, la capacidad para decir su opinión y defenderla.
En nuestra sociedad la mentira tiene colores… ¿qué piensa de eso? Quizá te refieres a mentiras ‘blancas’, como si fuera un tipo de mentira más pasables que las mentiras ‘negras’. Te doy dos situaciones: primero, en muchas ocasiones no hay que decir toda la verdad, sino solo lo que la otra persona puede manejar, pero eso no significa mentir, y segundo, podría darse una situación en que mentir signifique salvar la vida de otra persona, como por ejemplo ante un enfermo mental con un arma de fuego, o bajo una dictadura sanguinaria.
¿Es la mentira una forma de manipulación? Si, mentir implica manipular, es decir, hacer una fachada de la realidad, con el propósito de sacar ventaja. Lo contrario es hablar con franqueza, aunque haya que pedir perdón, o hacer un compromiso firme de enmendar.
¿Cuáles son las consecuencias de mentir y acostumbrarse a mentir (social, personal, familiares. etc.)? Mentir deviene en adicción: algo que se hace de manera automática, y que no se puede parar (como si fuera cigarrillos o alcohol). Mentir impide una sana relación de pareja, pues no llegamos a conocernos tal como somos, y a la corta o a la larga se produce la ruptura. Mentir provoca pérdida de la confianza, ingrediente fundamental en los negocios, en el deporte, o en las relaciones diplomáticas. Para vivir en paz es imprescindible decir la verdad con franqueza, aunque también con tacto.
¿Cómo podemos poner freno a la mentira? Es igual que dejar de fumar o cortar cualquier otra forma de adicción. Aunque parezca raro, los doce pasos de Alcohólicos Anónimos sirven para dejar la mentira. Hay que comenzar admitiendo que estamos fuera de control, y hasta buscar apoyo en un poder superior. Háblenos acerca de la “mitomanía”. ¿Es una condición patológica? ¿Qué tratamiento se puede ofrecer a una persona en esta condición? Mitomanía es la adicción a la mentira. Es ciertamente una condición patológica, aunque se disimule muy bien. La mitomanía suele acompañar a la ‘cleptomanía’, o robo compulsivo, de un hijo contra sus padres. Lo curioso es que el niño coge algo impulsivamente, tanto que no tiene la precaución de cubrir las apariencias, y por eso la sospecha cae sobre él. Cuando se le acusa, se defiende de modo que parecería que el mismo se cree sus mentiras.
¿Qué pueden hacer los progenitores si descubren a sus hijos mintiendo? Lo correcto es ser cautelosas en la aplicación de castigos, y por el contrario cultivar una relación parental de confianza. La experiencia psicológica confirma que se logra más premiando la buena conducta que castigando la mala. Al celebrar la buena conducta, no solo desalentamos la mentira, sino se acrecienta la autoestima de los hijos. En otras palabras, celebrar lo bueno rinde mejores frutos que condenar lo malo.
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