miércoles, 30 de septiembre de 2015

Amarnos y transformarnos es un salto de fe



“Yo soy para mi amado, y mi amado es para mi”.

Cantar de los cantares

Sin lugar a dudas, uno de los más hermosos libros de poesía de todos los tiempos es el que se le atribuye al rey Salomón: el cantar de los cantares. Esta obra se caracteriza por sus vibrantes imágenes de erotismo, y por no mencionar el nombre de Dios en ninguno de sus versos. Los especialistas dicen que es un relato metafórico en el que el “Amado” se refiere a Dios, y la “amada” es su creación (nosotros).

A la mayoría, nos enseñaron que para construir una relación debemos poner al otro primero. Una expresión dice que el burro va detrás, refiriéndose al uso del “yo” en una oración. ¿Qué hizo entonces que el hombre más sabio de todos los tiempos construyera su verso a partir del yo? Talvez, nos quería mostrar lo que la nueva psicología plantea: si yo no estoy, no existe ninguna relación para mi.

Gautama Buda dijo 558 años antes de Cristo: “Tú mismo, al igual que cualquier otra persona en el universo, te mereces tu propio amor y afecto”. Un vínculo sano es entre yo y tú, pero nos hicieron creer que la regla es el otro primero y yo después.

¿Haz pasado tiempo a solas con alguien a quien no conoces? Tal vez, coincidirás conmigo en que es una experiencia incómoda, y en ocasiones hasta molesta. Generalmente, Si tenemos que compartir con alguien con quien no hemos construido una relación, intentaremos que esté presente alguien más, con quien repartir la tensión que se genera. En constelaciones familiares, reconocemos a dos personas con poco vínculo porque evitan mirarse.

Muchas personas, sienten una gran desazón cuando se encuentran a solas, porque no han construido una relación consigo mismas. Evitan mirar en su interior escapándose y distrayéndose con la tecnología: ven el televisor, oyen música, navegan por la red, o intercambian mensajes en sus redes sociales, para ignorar al extraño que les acompaña a vivir.

Hace unos meses, un amigo me invitó a Jarabacoa para almorzar en un bello restaurante en lo alto de la montaña, y me preguntó: ¿Te atreverías a volar en parapente? Lo primero que mi mente dijo fue ¡por supuesto que no!, pero mi corazón latió de modo singular como aprobando la idea. Cuando le dije que sí, me convencí de que daría un salto de fe hacia mi misma. Lo tomaría como un ejercicio para enviarle un mensaje claro a mi mente, de que ella no es quien está en control de mi vida.

Parada a unos 150 metros del abismo, con un arnés cruzando mis piernas, podia ver las sombras del ocaso en las montañas anunciando el Angelum. Creí que estaba lista, pero en ese momento dudaba de estarlo. El piloto me dijo cómo debía correr, respirar y mantener la calma cuando me encontrara de frente con el vacío, pero todo lo que podía pensar era en cuán indefensa estaría sin tierra bajo mis pies.

Desde ese lugar, las montañas lucían terroríficamente más altas, pero yo no sería la que diría “no me atrevo a hacerlo”. El ego me impulsó a saltar para que mi cobardía no quedara expuesta. De repente, al ver la maravillosa imagen del valle desplegarse ante mis pupilas, una extraña calidez recorrió todo mi cuerpo ¡Que emoción más grande! Podia escuchar claramente el latido de mi corazón.

Una de las primeras damas más notable de todos los tiempos, Eleanor Roosevelt, dijo: “Ganas experiencia, coraje y autoestima en cada experiencia en la que te paras y miras al miedo en la cara”. Al recordar el episodio del parapente y reflexionar en el verso de Salomón, estoy convencida de que en realidad este aprecio viene cuando confiamos en nuestro corazón.

El miedo y la confianza no coexisten. Cada vez que trascendemos el miedo, damos un paso gigante hacia nuestro propio amor, y apostamos a la relación con nosotros mismos. En el zodíaco, libra es el signo que rige las relaciones y comprende del 23 de septiembre al 23 de octubre. La confianza es el lenguaje del amor.

En este tiempo, tenemos la oportunidad de mirar si el miedo está ganando la batalla al corazón. Cada paso que damos en dirección a la confianza nos acerca más al amor de Dios. Esa tarde, no me lanzé al vacío. Me arrojé en los brazos de mi Amado, convencida de que cuando yo soy para Él, Él es para mi.

Antes, creía que el cambio comienza con la voluntad, pero la verdad es que la voluntad puede llegar o irse dependiendo de cuán cansados, estresados, hambrientos o solitarios nos sintamos. Todo lo que Dios nos pide es que confíemos en su amor, y en el poder que éste tiene para que logremos crecer y cambiar.

El sol en libra nos brinda la oportunidad de ver todo un paisaje nuevo de las relaciones. La resistencia al cambio es un signo de desconexión del propio amor. Nos transformamos cuando podemos confiar en nuestra capacidad de guiarnos a nosotros mismos. Como dice un proverbio hindú:“No hay nada noble en ser superior a otra persona. La verdadera nobleza está en ser superior a tú yo anterior ”.

¿Te animas a amarte?

¿Te atreves a cambiar?

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