lunes, 12 de enero de 2015

El dominicano de Nueva York no “come cuento” con su “comía”



Si algo es apreciable y se evidencia con claridad antológica en el dominicano que vive en Nueva York es que le gusta comer bien.

Hablamos de la urbe en términos genéricos, pero el concepto abarca a todas las demás ciudades en los Estados Unidos. El dominicano no se pierde en eso, y es como dicen en el argot popular "ñoño con su "comía". Y aunque los que trabajan han adoptado el estilo de vida nortemericano de almorzar el "lunch", y hacer la comida en la tarde, cuando terminan la jornada y regresan a casa, el opíparo encuentro alrededor de la mesa familiar es de ley.

Hay que vivir la experiencia de llegar a un "building" del Alto Manhattan a partir de las 6:00 de la tarde o 7:00 de la noche, y subir a un quinto piso apies, no en el ascensor...

Los olores en cada estación o parada, resultado de la concentración de todo lo que se está cocinando en cada piso. Un morito de guandule con pescado con coco en un piso, para luego toparse en el siguiente, con un cocido acompañado de arroz blanco y probablemente unas tajadas de aguacate con vinagre, sal y aceite, para seguir en el piso de más arriba con un bistec encebollado guarnecido con tostones y ensalada verde.

A veces se llega a un piso donde no se pueden diferenciar los olores porque se juntan todos, y se produce un choque de sazón...

Cuando llegas a donde vas, ya no tienes que comer nada....te llenaste en el trayecto con el buffet de olores.

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