lunes, 17 de febrero de 2014
¿Cuáles son tus depósitos de valor?
De manera consciente o inconsciente dedicamos tiempo, esfuerzo y, cómo no, dinero a aquello que valoramos. Puede que sean cosas tangibles; como por ejemplo, la adquisición del techo que anhelamos, o del carro de nuestros sueños. También pueden ser intangibles; como una educación de cierta calidad para nuestros hijos, o el sostenimiento de ciertos gustos o aficiones.
Estos destinatarios de nuestros esfuerzos constituyen los “depósitos de valor” de nuestra vida. La cantidad de tiempo y recursos – los cuales son, por definición, de naturaleza limitada – que decidimos asignar a cada uno de ellos refleja, de manera concreta, cuanto los valoramos. A final de cuentas, será sobre los depósitos de valor que escojamos que intentaremos construir tanto nuestro patrimonio como nuestro bienestar. Por tanto, uno de los conceptos más importantes de la cultura financiera es la gestión consciente y profiláctica de nuestros depósitos de valor.
Escoger de manera consciente y explícita nuestros depósitos de valor facilitará que encontremos un sentido de dirección coherente a nuestros esfuerzos. Es esta claridad la que permitirá responder rápidamente a los porqués – y, en especial, a los “por qué no” – de nuestras encrucijadas. En otras palabras, cuando se sabe lo que se quiere y por qué se quiere, las decisiones son mucho más fáciles.
Además, es esencial que mantengamos una relación con los depósitos de valor que no esté contaminada con quereres amplificados o intensificados.
No existe mejor fundación para el bienestar sostenible que ese “equilibrio del buen querer”.
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